Rubén Blades. Bogotá.

mayo 4, 2010

Es como si el concierto del sábado fuera un concierto del pasado. O falso. Darse cuenta de que Rubén Blades es la voz de un continente que no existe. No existe sino como esa mezcla de trompeta y dictadura, como una quimera a la cual atribuirle tanta música perfecta y tanta injusticia, tanto desenfreno. Darse cuenta de un modo raro, un modo en el que uno no suele darse cuenta de nada, borracho y enajenado, de que se tiene una idea de un lugar al que se pertenece, y de que ese lugar es como la pretensión esquizofrénica de meterle trombón y timbal, de ponerle el sonido de Seis del solar a la muerte y a la tristeza. Y al darse por vencido. Y a la esperanza que hay que suponer (hay que). Se parece a esa empresa a todas luces imposible. Se parece al dolor de los brazos levantados que va apareciendo y se hace insoportable hasta el final. Las canciones y la voz extraña de Rubén Blades son la noción, la noción y el vacío que es sentir que se pertenece a ese lugar, a alguno, y no a otro. Ojalá pudiera explicar qué es lo que se siente estar ahí mientras lo que sea que él llama Latinoamérica acontece. O mientras lo que sea que se siente más propio que otra cosa acontece. Mientras lo que uno es y ha sido ocurre ante la mirada aturdida y temblorosa de uno mismo. Y uno se siente arruinado y escindido, feliz, eufórico, e injustamente reconfortado.

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2 comentarios to “Rubén Blades. Bogotá.”

  1. Joder, Ana María. La felicidad se escurre entre los dedos -como el agua- o se cuela entre las ramas -como- los rayos del Astro Rey, o ambas, como pasó el sábado en la noche en que vimos y oímos a Blades volver como los grandes, con la frente marchita a nuestros brazos para “seguir sonriendo y de pie, siempre parao” como él bien lo canta.

  2. Laura Ladino said

    …Aunque no estuve en el concierto (quizá por eso), deambulo un poco por ahí y aterrizo aquí. Usted trasmite algo que otras compartimos: lo escindido me identifica. Las que hemos sido Laura(s) C con o sin sentimiento “latinoamericano”, las canciones de Blades nos re-confortan con nuestros propios misterios.

    Recuerdo un viejo concierto de Blades, cuando fue “telonero” de UB40 en el Campín (“auspiciado por unas gaseosas Konga”…”no todo tiempo pasado fue mejor…”

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